Tengo mínimos (diría que incluso menos) conocimientos de moda. Y sin embargo conozco la expresión “fondo de armario”, que es el conjunto de prendas básicas, de todo tiempo y combinables y versátiles. No siguen modas pasajeras, pero siempre funcionan.
La expresión “amistad de fondo de armario” me sugiere una forma de vínculo profundo, que resiste al tiempo y las modas. Quizá no está siempre visible, pero nunca falla. Tengo la seguridad de que forma parte de lo que quiero y puedo necesitar.
La prenda o amistad de este tipo no busca protagonismo, porque su valor es ser y estar a lo largo del tiempo y servir de apoyo cuando muchas cosas fallan.
Si el fondo de armario habla de nosotros, porque refleja nuestros gustos atemporales y es reflejo de lo que somos, lo mismo ocurre con esas amistades, que son un espejo de nuestra identidad.
Cómo son las amistades de fondo:
• No se nota su presencia, pero su ausencia destaca. No están siempre en primer lugar, pero sí están sin faltar. No reclaman centralidad, no compiten por atención y no se imponen; sin embargo, cumplen una función esencial en la vida emocional de una persona. No forma parte del día a día, pero está ahí, disponible cuando hace falta.
• No se trata de vínculos débiles o secundarios. Si pueden no estar es por la seguridad de que existen. No necesitan ni demostraciones continuas ni hacerse presentes en todo momento. No actúan desde la intensidad, sino bajo la estabilidad.
• Se les conoce por estar siempre en discreta disponibilidad. No exigen prioridad, pero responden cuando se las convoca. No demandan presencia constante, pero mantienen una continuidad emocional reconocible incluso tras largos silencios. Su valor no está en la frecuencia, sino en la fiabilidad.
• Las amistades que realmente “están” se reconocen porque no se activan solo cuando conviene, sino cuando importa. No aparecen para llenar huecos, sino para sostener momentos clave, aunque sean pocos.
• Estas relaciones suelen tener otra característica relevante: no necesitan ser justificadas. No requieren explicaciones extensas por la distancia ni reproches por el tiempo. Operan bajo el respeto mutuo y autonomía.
• Paradójicamente, muchas de estas amistades se revelan con más claridad en las crisis que en la celebración. No siempre están en la primera fila cuando todo va bien, pero aparecen cuando el ruido se hace presente. No buscan protagonismo, buscan eficacia emocional: estar, escuchar, sostener, y luego volver a su lugar sin reclamar aplausos.
• Es una amistad que no se exhibe, pero orienta. Este tipo de amistad no vive en la superficie y raramente aparece en las redes sociales. Es más bien como un faro silencioso: está en el fondo, no se mueve, no reclama protagonismo, pero cuando no puedo ver con claridad, orienta.
En este tiempo de vínculos rápidos y de relaciones “líquidas”, necesitamos tener un fondo duradero frente a lo efímero, contar con amistades que no necesitan renovación constante ni caducan. Estas amistades resisten al tiempo y la distancia, porque no dependen de la frecuencia, sino del vínculo y nos ayudan a dar continuidad y perspectiva. Es esa persona que no ves a diario, pero sabes que está, que no necesita explicaciones, que no exige, pero que cuando hace falta se hace presente.
Necesitamos amistades que permanezcan, que no se vayan cuando cambian las etapas, cuando lo único que nos apetece es el silencio, cuando uno no está en su mejor momento o cuando nos sobreviene la adversidad (pérdidas, enfermedad, rupturas, accidentes,…) o en momentos de cambio personal.
Saber elegir, saber ser
Creo que hemos de aprender a elegir este tipo de amistad y a la vez hemos de aprender a serlo para los demás.
Para conseguirlo o por lo menos acercarnos, propongo algunas ideas desde el sentido común:
• Buscar calidad más que cantidad. Los amigos como los que comentamos no abundan, no son multitudinarios, sino selectivos. Interesan más sus cualidades que el número.
• Permitir que las amistades crezcan lento, que vayan dando forma y fondo a ese remanente en el armario;
• Hazte presente, pero no empalagosamente; bastan mensajes como “aquí sigo”, “aquí estoy”. Mensajes simples, aparecer de vez en cuando, recordar vivencias, tener algún detalle (“me acordé de ti y…”)
• Escoge a quien no desaparece cuando pones límites
• Procura elegir a quien sabe cuidar y escucha sin estar solo preocupado en qué va a decir.
• Reconoce el bien que te hace tener esa amistad y ponlo en palabras: A veces basta un “me gusta que sigamos hablando” o “me hace bien que estés”.
No todas las amistades que mantenemos son así, ni falta que hace. Y necesitamos aceptar que algunas personas cumplen un tramo del camino y no es necesario que se queden todo el recorrido. Y es clave igualmente reconocer y aceptar que cada uno tenemos ritmos diferentes, también en el modo y forma de amistad.
English